Lasaña de champiñones y portobello en salsa cremosa de vino blanco, cubierta con queso provolone dorado. Comfort food en su máxima expresión.

Los hongos y el Pinot Noir tienen una afinidad casi legendaria en gastronomía. Las notas terrosas, de bosque húmedo, frutos rojos y especias del vino parecen prolongar los sabores de los champiñones y portobellos. Además, tiene suficiente acidez para equilibrar la crema y el queso sin sentirse pesado.
Si prefieres los vinos blancos entonces un Chardonnay con barrica moderada seria ideal. La textura cremosa del vino acompaña perfectamente la salsa y el provolone. Además, las notas de mantequilla y tostado hacen eco del gratinado.
El secreto está en darle tiempo a los hongos para que suelten toda su humedad y concentren su sabor. No los muevas demasiado en el sartén — déjalos dorar bien antes de agregar los demás ingredientes. Eso es lo que le da esa profundidad de sabor.
Otras opciones de maridaje: Tempranillo Crianza o Reserva — sus notas de especias dulces, vainilla y cuero armonizan muy bien con el romero, el balsámico y el gratinado del queso. Nebbiolo — su acidez natural ayuda a cortar la cremosidad de la lasagna, mientras sus notas terrosas y de hierbas secas encuentran un puente maravilloso con los hongos. Aunque esta lasaña no lleva carne, tiene suficiente intensidad por los hongos, la crema y el queso para acompañar vinos con buena estructura; si la sirves como plato principal, elige el vino pensando en la riqueza y el umami de la receta, y si forma parte de un menú más amplio, considera también los demás platillos.

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